La importancia del juego en el niño

La importancia del juego en el niño

La importancia del juego en el niño radica en el hecho de que puede crear un mundo lleno de fantasía, es decir, puede ser su propio arquitecto y crear castillos de arena y hacer él mismo los personajes que lo habitan, puede escoger y rechazar, crear y destruir, sintiéndose amo y señor de todo.

Lo más importante, sin embargo, es que por medio del juego el niño tiene la oportunidad de conocerse a través de su relación con los demás.

El juego le permite crear sentimientos de seguridad, dándole la oportunidad de explorar no sólo todo lo que le rodea, sino también a sí mismo, ya que tendrá el privilegio de compararse consigo mismo, negociar reglas, tolerar frustraciones, crear hábitos, aprender a aceptar y respetarse, así como también respetar a los demás, utilizando la libertad con un sentido de responsabilidad.

Los niños en situaciones de juego se comporta con una actitud franca, honesta, y viva, sus sentimientos, actitudes, y pensamientos emergen en una forma totalmente desenvuelta y sin inhibiciones, adquieren una mejor comprensión propia y de los demás para poder llegar a relacionarse emocionalmente con más generosidad hacia las demás personas.

Es por todo lo anterior que el juego es de vital importancia, y cuando un niño no juega, o no puede jugar, es síntoma de que algo no funciona y de que está reprimiendo sus fantasías porque las considera peligrosas.

Un niño con inhibición de juego no solo no juega, ya que el retraimiento puede presentarse en distintos grados y formas. Tiene a que ver con el hecho de rechazar ciertos juegos, o con la falta de constancia respecto a todos. Hay quienes solo pueden jugar cuando alguien más lleva la iniciativa, mientras a otros solo les gustan los juegos con reglas.

Los niños con fantasías agresivas no pueden jugar porque temen que su agresividad se vuelva contra ello, y esto les produce tanta angustia que pasan entonces a reprimir la imaginación; este sería el caso de los niños que rompen juguetes y no organizan ningún juego.

Otra de las causas de la inhibición en el juego radica en el hecho de no tolerar ninguna frustración. Un niño inhibido ante el juego lo está también ante la vida, en lo que se refiere a su evolución personal; es un síntoma grave que merece atención y ayuda, por lo cual es recomendable la terapia de juego o terapia lúdica, la cual es una oportunidad vital que se ofrece al niño para que este pueda expresar sus sentimientos y problemas, sus temores, su odio, soledad, sentimientos de fracaso, y desadaptación, por medio del juego.

En el juego el niño puede encontrar una puerta que lo lleva a una comprensión más amplia de todas las demás personas a través de la comprensión propia.

El juego no es, sin embargo, exclusivo de los niños, sino de todas las personas que tengan la inquietud de dejar salir ese niño que llevan dentro, y que por uno u otro motivo tengan reprimido o guardado, sin saber que serán adultos en toda la expresión de la palabra al permitirse jugar como niños.

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