Azúcar + grasas trans + sal

“Mi niño no come”, le dice una a la otra en medio de la desesperación y con ansiedad en sus movimientos, “le doy de todo y nada, todo lo escupe o le saca el pero. Que si está negro, que si está guango, que si sabe raro’’, y se detona un parloteo en la mesa de cumpleaños.

Todas las mamás empiezan a caer en la cuenta de que alguno de sus hijos está o pasó por un etapa en donde no comía casi nada o sólo un tipo de alimento, que mayormente es un producto procesado adicionado con vitaminas y cositas sintéticas que, lejos de ayudar, están enfermando y confundiendo a las familias.

Es un mal generalizado y se ha extendido por la adopción de hábitos no saludables que están relacionados con el ritmo acelerado de vida y prioridades distantes a la salud. ¿Para qué comemos? ¿Te lo has preguntado y respondido? Si no lo has hecho, te reto a que este ejercicio lo hagas primero en ti y luego con tus seres amados.

¿Qué estamos haciendo mal? Cada ser humano es diferente y es vital entender que una de las cosas más importantes es aprender y enseñar a escuchar el cuerpo. ¿Si me da sed? ¿Cuál es la razón? y entonces qué es lo que tengo que hacer… esas reacciones fisiológicas del cuerpo las hacemos por inercia, pero en esta época estamos teniendo a la mano más productos procesados que la mercadotecnia y su industria nos están vendiendo como mejores que los naturales.

Los niños de ahora viven entre los cheetos y el jugo. Nuestras generaciones están adoptando estos hábitos que no son los más beneficiosos para el ser humano. Alusivo al tema, cito esto que viene en un libro maravilloso que toda familia debería de leer, Mi Niño No Me Come de Carlos González.

“Los niños no tienen ideas preconcebidas de cuánto ni cuándo deben comer. No conocen (ni necesitan conocer) las recomendaciones del pediatra, ni las de la Organización Mundial de la Salud, ni lo que come el hijo de su vecina. Por eso no aceptan con facilidad las normas rígidas que a veces se les quiere imponer.

Ellos sí que saben. Deberíamos fijarnos y aprender, en esto de la comida y en muchas otras cosas”, dice el prólogo de Pilar Serrano.

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La autora dice que para ella el apetito es el que regula la ingesta de alimentos y al menos en los niños lo hace de acuerdo a sus necesidades. Esto es algo que habría que analizarse porque, entonces ¿porqué hay tantas enfermedades en pequeños y adultos?, y ¿porqué no nos estamos autor regulando?

Está clarísimo aunque no lo queramos ver: el tipo de ‘‘alimentos’’ que estamos comiendo, con la famosa formula letal de azúcar +grasas trans + sal, contenido generalmente en los productos diseñados para nuestros niños, está alterando genéticamente nuestros procesos y es por eso que ahora hay tantos niños que no se pueden regular, porque a lo que están expuestos les causa una adicción socialmente aceptada.

Y si le rascamos más profundo, pues también existe la relación entre el vacío emocional y la ingesta descontrolada de alimentos. Pero, ¿por dónde se empieza?; hay mucho por hacer, y hoy es un buen momento para hacer un principio, mi recomendación es no delegar nuestra responsabilidad y darnos el tiempo de documentarnos, leer y empezar abriendo un diálogo familiar y haciendo cambios graduales en casa.